Día 6: descubrimos el Tíbet (en el exilio)

Hoy nos acercamos a la cultura tibetana y a la religión budista.

Hoy continuamos en Daranshala, ciudad India casi en la frontera con el Tíbet y Nepal. En la zona de McLeod Gang, dónde actualmente se encuentra el gobierno del Tíbet en el exilio. Hemos podido visitar varios templos budistas, la casa dónde vive el 14º Dalái Lama, el Museo del Tíbet y la sede del gobierno, que incluye todos los ministerios, la biblioteca y el parlamento. Al ser domingo estos últimos los hemos visto solo por fuera. Mañana volveremos para ver la biblioteca.

La visita al Museo del Tíbet nos ha dejado sin palabras. Ya que muestra los horrores sufridos por todo un pueblo, que atacado con la finalidad de ser ocupado por el Ejército Chino, tuvo que exiliarse a la zona del McLarend Hill, donde actualmente se encuentran a salvo los más de 150.000 tibetanos exiliados. Otros tantos se quedaron y participaron en el programa de re-educación del Gobierno Chino. Además hubo unos 50 tibetanos aproximadamente que se auto-inmolaron para pedir un Tíbet Libre. Quizás lo más impresionante haya sido ver las fotos del desastre y ver a los tibetanos sonriendo. Eso demuestra que quizás la filosofía budista no este tan equivocada en cuanto al planteamiento que hace. Pero tras una pequeña toma de contacto es difícil poder extraer conclusiones válidas. Nos quedamos con las enseñanzas y frases del Hai Holiness, que yo creo que si las aplicáramos en nuestro lado del mundo, comenzaría ese cambio que tanto urge y que tanto esperamos todos, pero no comenzamos a buscarlo o a dar ningún paso que realmente nos conduzca allí. Optamos por seguir haciendo que gire la rueda de lo que conocemos. Quizás sea por aquello de que más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer.

Cualquier espacio dedicado a la meditación budista, ya fuera en la calle, un templo o algunos espacios públicos transmitía una agradable sensación de tranquilidad que invitaba a todo el que pasa cerca a inmiscuirse en el ambiente y meditar. Algo que rara vez ocurre en los lugares para el culto del resto de religiones. Al menos de los que yo he visitado. Pero más que los templos, que son lugares masificados y llenos de turistas, son los alrededoress que te conectan con la naturaleza, y en los que puedes mover las oraciones, mientras repites los mantras con el objetivo de esparcirlas por todo el mundo y que su mensaje se propague. Todo un símbolo de universalidad.

Ya abandonamos el Tíbet en el exilio, para volver a Delhi y continuar nuestro viaje por la India: Namasté!

 

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